Mil horas

Fuera de Tono · Sátira. Nada de lo que se cuenta acá es información factual.

Son las 8:47 de la mañana y ya hay catorce personas delante mío. Catorce. Los estudio como quien estudia a la fauna local: la señora del termo, que llegó preparada para una guerra de trincheras; el hombre del traje que mira el reloj cada nueve segundos como si eso acelerara el universo; y yo, que solo vine a preguntar por qué me cobraron un cargo que nadie puede explicarme.

A las 9:03 abren las puertas y el grupo avanza con la disciplina silenciosa de quien ya perdió toda esperanza en el sistema pero conserva, contra toda lógica, el número de turno como un talismán. Alguien pregunta “¿el 47 llamaron?” y catorce cabezas giran al unísono, como en una coreografía ensayada durante generaciones.

Dos horas después, cuando por fin me atienden, la respuesta a mi pregunta es: “Eso hay que verlo en otra sucursal”. Salgo a la calle con la misma pregunta sin responder y una certeza nueva: en algún lugar, ahora mismo, alguien más está sentado en una fila idéntica a esta, estudiando a la misma fauna, esperando el mismo milagro.

Fuera de Contexto: donde hasta esperar dos horas por nada se convierte en una crónica.

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